En los mercados internacionales hay una sensación de alarma ante la posibilidad de que el precio del petróleo tenga una caída como la de 2008, cuando bajó hasta US$ 32/b.
La señal que encendió la alarma fue que desde agosto hay ofertas de petróleo WTI para entrega en diciembre, a solamente US$ 50/b (ahora ese petróleo está en US$ 89,69/b).
Estas oferta a futuro fueron las segundas ventas más demandadas en agosto en el New York Mercantile Exchange.
Es cierto, se trata de decisiones de operadores de la bolsa, que apuestan a que el precio baje o suba, como siempre hacen, y, si tienen suerte, ganan dinero.
Pero la posibilidad de que se diera semejante descenso en el precio internacional del crudo sería para Bolivia un sofocón de mayor impacto que el lamentable desempeño actual de la producción de gas.
Una caída del precio internacional del crudo rebajaría, hasta hacerlos desaparecer, los ingresos extraordinarios que recibe el país en este momento, cuando el precio del gas (que refleja el del crudo) está en US$ 10/MM BTU.
En la posibilidad mencionada por las ofertas de crudo a diciembre en Nueva York, el precio del gas boliviano podría bajar a US$ 6/MM BTU.
Con la balanza de gastos/ingresos en rojo, esto sería un golpe muy duro y pondría al gobierno nacional mucho más nervioso de lo que está.
En el campo de las materias primas minerales que el país exporta, las perspectivas no son alegres. China ha desacelerado su economía y ahora está a punto de ponerle el freno de mano, con lo que la demanda de mineras tendría una caída brusca.
Expertos como Paul Krugman están mencionando la palabra “contracción” para definir lo que pasa en la economía mundial. Más que una recesión, contracción es un encogimiento. Y eso sería desastroso.
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